Composición y actividades de la Compañía
de alabarderos
Podemos decir
que la tradición de los alabarderos se conserva con bastante
integridad, salvo ciertas novedades o cambios leves que se hayan
producido, tales como la creación de un abanderado infantil
en 1975, el número de alabarderos que es variable, puesto
que anualmente se producen altas y bajas, o la cuota anual que
pagan los alabarderos, que también ha variado con el tiempo.
El músico y folclorista Bonifacio Gil García escribió
en el año 1950 un artículo, que reproduzco a continuación,
titulado Fiestas de las "alabardas" en Orgaz,
Toledo (1) en el que nos ofrece una visón de cómo
eran las alabardas entonces, muy similares a la actualidad, e
interpreta algunos de sus significados.
“En nuestras búsquedas folklóricas por la
misma provincia hemos tenido ocasión de visitar Orgaz,
ciudad que ofrece suma curiosidad para el objeto requerido. Nos
llamó poderosamente la atención la fiesta con que
encabeza esta reseña, y más aún por contener
abundantes datos que por su concreción sirve de complemento
a lo ya publicado por el Sr. del Pan, cuyos apuntes, breves, con.
respecto a Orgaz, datan de algún tiempo: años 1926
a 1927.
Nosotros nos proponemos, simplemente, publicar cuanto nos suministró
un viejecito de dicha ciudad, de bien probada memoria.
La fiesta, llamada de las «Alabardas», subsiste. Su
origen, como nos expresó el recitador, «es de tiempo
inmemorial».
A través de los años ha ido simplificándose,
sin duda, como nos dijo, «para trabajar menos». Por
ello, a cada episodio de la misma haremos referencia a cuanto
se hacía en los tiempos mozos del anciano aludido. La música
que en ella se ejecuta ha evolucionado también. En el lugar
correspondiente se verán las versiones antigua y moderna.
Con otras modificaciones y fechas, las «Alabardas»
se vienen celebrando (además de en Quero) en Sonseca, Yébenes,
Mora de Toledo y otros pueblos de la misma provincia.
En Orgaz, ciudad objeto de estas líneas, hace muchos años
se celebraba el domingo de Pentecostés. Actualmente tiene
lugar el 25 de agosto, día del Stmo. Cristo del Olvido,
de mucha veneración en la localidad.
En su origen, la organización de la fiesta correspondía
exclusivamente a la Hermandad de las Ánimas. Modernamente
ha quedado agregada ésta a la del Stmo. Cristo del Olvido.
Ocho días antes del Cristo sale a pedir (durante la luz
diurna), de casa en casa, un individuo a quien llaman «El
diablillo». Va vestido en figura diabluna, en colores combinados
de amarillo y negro. En cada compartimiento del vestido figura
un diablillo, cosido, contrario al color (amarillo en lo negro
y negro en lo amarillo), y un gorro puntiagudo, en tiras, de amarillo
y negro.
Antiguamente llevaba careta de diablo, tan voluminosa que le tapaba
toda la cara.
El petitorio lo hace «para las ánimas benditas».
Va con su «báculo» con dos ganchos y una caja,
de hojalata (cepillo). En tiempos anteriores, en vez de cepillo
era una cesta con flores.
El producto de la recaudación lo entrega al señor
cura párroco. Es destinado para las funciones de ánimas
(como el «ofrecimiento» del que se hablará
más tarde), aunque también se destina (en lugar
de las ánimas) para la función del Cristo.
La fiesta dura tres días
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Maestro de campo, abanderado, capitán y un albardero. Años 50 del siglo XX |
Para
las diversas ceremonias que se irán explicando forman:
Un capitán, como jefe. Insignia: una cruz
de plata pequeña, que lleva prendida en un costado del
pecho. Porta un bastón. .
Maestro de campo. Insignia: una medalla colgada
en el lado derecho del pecho, una cruz y, en el otro, una calavera
(que recuerda las ánimas) con una leyenda que dice: «Maestro
de campo».
Abanderado, encargado de llevar y tremolar la
bandera. Está compuesta por los colores nacionales y es
de gran tamaño. En el pecho, lado derecho, lleva aquél
la imagen del Cristo. En el reverso de la medalla figuran las
ánimas benditas.
Ayudante del capitán que llaman. «Escuadra
del capitán». Porta un bastón, distinto del
«capitán» y del «maestro de campo»,
más o menos lujoso, por orden de categorías.
Antiguamente formaban escuadras por oficios: de los «gañanes»,
«salitreros» (a), «podadores», «mayorales»,
«zapateros», «sastres», «barberos»,
etc. En la actualidad los agrupan simbólicamente.
A las «escuadras» y «alabardas» (que portan
el arma del mismo nombre) llaman «la soldadesca».
Todos van al mando del «capitán», formados
en filas (si lo son en línea) o en dos hileras (si van
de frente).
En cabeza van (cuando forman) dos «soldados» con alabardas,
pertenecientes a la Hermandad del Cristo.
Siguen: clarines (dos o uno, según se disponga) y tambores
(dos o uno) (b).
A continuación: «abanderado» en el centro,
con su bandera; a su derecha el «capitán»;
a su izquierda el «maestro de campo», A la derecha
del «capitán» su ayudante («escuadra
del capitán»).
Sigue en dos hileras (o filas, según esté dispuesta
la formación) la «soldadesca», que porta bastones.
Cierran la formación los «soldados» con alabardas,
que van adornadas con flores.
Ninguno de ellos lleva uniforme.
Antes iban marcando el paso militar.
El primer día (víspera de la fiesta principal),
por la mañana, se dirigen a la Iglesia para visitar al
Stmo. Cristo del Olvido y oír misa. Después de ésta,
«juegan» la bandera en distintos movimientos, de pie
y de rodillas. Por la tarde van nuevamente a la iglesia para rezar
Vísperas. Al salir «juegan» nuevamente la bandera.
Por la noche «corren la pólvora». Consiste
en quemar varios fuegos de artificio. Asiste la banda de música,
que ejecuta en los intermedios (de rueda a rueda) varias piezas
musicales. Antiguamente asistían los ejecutantes de clarines
y tambores.
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Compañía de alabarderos
desfilando por la Plaza Mayor
Foto: Santiago Gómez |
Estos,
el día de la fiesta principal, en las primeras horas de
la mañana, se dirigen a las casas de las dos primeras «alabardas»
que forman en cabeza, recogiendo en primer lugar a la «soldadesca»
(bastones y alabardas). Una vez reunidos recogen por este orden:
al «ayudante» del capitán», «capitán»,
«maestro de campo» y «abanderado». Antiguamente,
al llegar el acompañamiento a casa del «capitán»,
solamente entraba el «ayudante», y lo mismo al dejarle
una vez terminada cada ceremonia. De idéntica manera procedía
el «capitán» con el «maestro de campo»
y ambos con el «abanderado». A las llegadas respectivas
invitaban a quienes iban a recogerles. Entretanto, la «soldadesca»
estaba formada junto a las casas mientras tocaban clarines y tambores.
Al entrar y salir el «abanderado» con su bandera ejecutaban
los clarines y tambores la Marcha real, hoy Himno nacional. Recogidos
los «militares», van a hacerla a los sacerdotes y
predicador.
Se dirigen todos a la iglesia, donde se celebra la santa misa
con sermón. Dan guardia en el altar mayor cuatro «alabardas»
(las dos que forman en primer lugar y dos de las que forman en
el último).
Terminado el acto religioso, todo el cortejo «militar»
y la banda acompañan a sus casas a los sacerdotes y predicador.
Los «militares», sin la banda de música, vuelven
a la iglesia, donde «juegan» la bandera ante la imagen
del Cristo. Después son repartidos en sus casas por el
orden inverso a como se ha descrito anteriormente.
Por la tarde, recogiendo a los «militares» en la forma
de como se ha expresado, la banda de música ejecuta en
la plaza varios pasodobles y otras piezas de música ligera,
mientras las autoridades civiles y eclesiásticas, sentadas
en bancos que se colocan en los soportales de la referida plaza,
se van reuniendo para hacer el «ofrecimiento», acto
que comienza con la actuación de la «soldadesca».
Consiste en dar tres vueltas circulares por la plaza mientras
tocan los clarines y tambores que van en cabeza, precedidos de
las dos «alabardas».
Una vez quietos y callada la música, comienza la entrega
del «ofrecimiento», por este orden: «capitán»,
«maestro de campo», «abanderado», «ayudante
del capitán» escuadras de «bastones»
y «alabardas». Consiste en depositar sobre una mesa
una cantidad determinada de dinero: 60 pesetas las tres primeras
«jerarquías»; 10 pesetas el «ayudante
del capitán»; 6 los «bastones», y 3 las
«alabardas». Hoy, según el comunicante, han
elevado la cantidad. Después lo hace el público,
bien en dinero (a voluntad), bien en especies a las que fijan
una cantidad, subastándolas al siguiente día y pujándolas
a capricho. El importe de todo ello se ofrece para las ánimas
de sus familiares y destinado a misas.
Terminado el «ofrecimiento» tiene lugar la procesión
del Cristo, dando guardia las cuatro «alabardas» que
actuaron durante la misa en el altar mayor. La «soldadesca»
no guarda ya la formación de otros actos que se han citado.
Antiguamente, después de la procesión, se repartían
en las casas los hombres que se habían designado para el
año siguiente.
Y aquí termina tan curiosa como simpática fiesta
cuya celebración no ha decaído, si bien ciertos
detalles se van perdiendo, como habrá colegido quien leyere.
(a)
Eran los encargados de recoger la sal adherida a la tierra del
pavimento .de las calles. Actualmente, con el moderno sistema
de pavimentación, no sale a flor de tierra. El salitre
era llevado a unas tinajas, cociéndolo en unas calderas
y separando de él la tierra. Era empleado para varios usos,
como la pólvora.
(b) Antiguamente eran gratificados con 20 pesetas cada uno para
toda la fiesta que, como hemos dicho, dura tres días. En
la actualidad percibe cada individuo 25 pesetas por día.
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(1) GIL GARCÍA,
Bonifacio: Fiestas de las "alabardas" en Orgaz,
Toledo. – En Revista de Dialectología y
tradiciones populares, Tomo VI, 1950, Cuaderno 3, pp. 496-801
Continuación: Partitura
de la Banda de cornetas y tambores >>>
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