Por
la calles empedradas
y callejones estrechos,
en silencio, por la noche,
vagan duendes, vagan hadas.
Lejano
se oye el canto del grillo,
en el pueblo, ningún ruido,
la gente descansa,
solo los ojos vigilantes de las farolas.
Con su aire de misterio
y encogida su alma ...
en la noche, por el pueblo,
vagan duendes, vagan hadas.
Lacónico,
silencioso, artero,
sagaz, misterioso
queda el pueblo por la noche,
inundado de fantasmas,
sin cadenas, sin palabras,
en la noche, por el pueblo,
vagan duendes, vagan hadas.
Al amanecer,
poco a poco,
ese aire de misterio ya se apaga,
algún carro se oye ya rechinar,
llega el alba.
El patrón
duerme y descansa,
el obrero y el labriego ya,
con los rayos del sol ,
aún débiles, se marchan.
Una
dulce brisa acaricia la cara,
son los fantasmas,
que se van muy de mañana,
pues los duendes y las hadas ...
ya no vagan. |