REY:
¿Quién mi palacio alborota?
ARIAS:
¿Qué tenéis? ¿Adónde
vais?
CRIADO:
Nuevas te traigo, el buen rey,
de desdicha, y de pesar;
el mejor de tus vasallos
perdiste, en el cielo está.
El santo patrón de España
venía de visitar,
y saliéronle al camino
quinientos moros, y aun más.
Y él, con veinte de los suyos,
que acompañándole van,
los acomete, enseñando
a no volver paso atrás.
Catorce heridas le han dado
que la menor fue mortal.
Ya es muerto el Cid, ya Jimena
no tiene que se cansar,
rey, en pedirte justicia.
DIEGO:
¡Ay, mi hijo! ¿Dónde estáis?
(Que estas nuevas, aun oídas
Aparte burlando, me hacen llorar.)
JIMENA:
¿Muerto es Rodrigo? ¿Rodrigo
es muerto? ¡No puedo más!
¡Jesús mil veces!
REY:
Jimena,
¿qué tenéis, que os desmayáis?
JIMENA:
Tengo...un lazo en la garganta,
y en el alma muchos hay!
REY:
Vivo es Rodrigo, señora,
que yo he querido probar
si es que dice vuestra boca
lo que en vuestro pecho está.
Ya os he visto el corazón;
reportalde, sosegad.
JIMENA:
(Si estoy turbada y corrida
Aparte mal me puedo sosegar...
Volveré por mi opinión...
Ya sé el cómo. ¡Estoy mortal!
¡Ay, honor, cuánto me cuestas!)
Si por agraviarme más
te burlas de mi esperanza
y pruebas mi libertad;
si miras que soy mujer
verás que lo aciertas mal;
y sino ignoras, señor,
que con gusto, o con piedad,
tanto atribula un placer
como congoja un pesar,
verás que con nuevas tales
me pudo el pecho asaltar
el placer, no la congoja.
Y en prueba de esta verdad,
hagan públicos pregones
desde la mayor ciudad
hasta en la menor aldea,
en los campos y en la mar,
y en mi nombre, dando el tuyo
bastante seguridad,
que quien me dé la cabeza
de Rodrigo de Vivar,
le daré, con cuanta hacienda
tiene la casa
de Orgaz,
mi persona, si la suya
me igualare en calidad.
Y si no es su sangre hidalga
de conocido solar,
lleve, con mi gracia entera,
de mi hacienda la mitad.
Y si esto no hace, rey,
propios y extraños dirán
que, tras quitarme el honor,
no hay en ti, para reinar,
ni prudencia, ni razón,
ni justicia, ni piedad.
REY:
¡Fuerte cosa habéis pedido!
No más llanto; bueno está.
DIEGO:
Y yo también, yo, señor,
suplico a tu majestad
que por dar gusto a Jimena,
en un pregón general
asegures lo que ofrece
con tu palabra real;
que a mí no me da cuidado;
que en Rodrigo de Vivar
muy alta está la cabeza,
y el que alcanzalla querrá
más que gigante ha de ser,
y en el mundo pocos hay.
REY:
Pues las partes se conforman,
¡ea, Jimena, ordenad
a vuestro gusto el pregón!
JIMENA:
Los pies te quiero besar.
ARIAS:
(¡Grande valor de mujer!) Aparte
DIEGO:
(No tiene el mundo suigual.) Aparte
JIMENA:
(La vida te doy; perdona,
honor, si te debo más.) Aparte